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José desvió su motoneta al borde de la carretera, saliendo de la cinta de asfalto, para evitar que algún vehículo, especialmente uno de esos enormes buses que viajan a velocidades de vértigo, los atropellara por detrás mientras revisaba su aparato, que hacía rato venía emitiendo un ruido extraño.

Era además una buena ocasión para que María descansara un poco, pues viajaba muy incómoda debido a su avanzado embarazo, y era obvio que faltando pocos días para el alumbramiento, un viaje tan prolongado en la parrilla de una vieja motoneta era poco menos que insufrible.

Pero los recursos económicos de su esposo no eran los mejores y ella, que no quería causarle molestias, había aceptado viajar en tales circunstancias, máxime que este viaje era obligatorio, pues el gobierno había emitido un decreto por medio del cual exigía a todos los ciudadanos trasladarse a su ciudad de origen con motivo del Censo Nacional De Población que se avecinaba.

El vehículo a causa de sus muchos años, los últimos cinco a su servicio, se varaba frecuentemente pues lo había comprado de segunda mano a un vendedor de la agencia de maderas donde acostumbraba proveerse, y quien aparentemente no había sido el más cuidadoso en su mantenimiento, por lo cual José había tenido que aprender los primeros auxilios mecánicos que ahora se aprestaba a poner en práctica.

María se sentó en un montículo que se formaba al final de la vía, cerca de un potrero junto a la carretera.

Entre tanto José sacó sus herramientas y empezó a desarmar por donde suponía que estaba la deficiencia.

Luego de un buen rato -era carpintero y no mecánico como para haberlo notado desde el principio- se percató de que la avería no era tan sencilla y tendría que reemplazar una pieza del motor debiendo ir hasta el pueblo más cercano para comprarla.


Estas son las primeras líneas del libro y sólo tienen por objeto que usted capte cómo es el estilo del contenido general del libro, para que lo pueda adquirir con cierto conocimiento de lo que va a leer.